Mediación Familiar

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La mediación familiar es aquel proceso de mediación que se plantea en el seno de la familia. Puede incluir a padres, hijos, abuelos, pareja o familia más extensa. Su objetivo es solucionar un conflicto entre las partes mediante la intervención de un mediador evitando llegar a un proceso judicial. Por tanto, es un proceso alternativo al proceso judicial que precisamente busca evitar costes económicos y afectivos innecesarios, alivia la carga de los tribunales y permite alcanzar acuerdos y soluciones más duraderos y decididos por las partes en vez de por un juez, cuya sentencia no garantiza siempre la solución que mejor se acomoda a la situación familiar.

La mediación familiar se basará, al igual que todo proceso de mediación, en la voluntariedad de las partes, que el mediador sea un tercer neutral e imparcial y la confidencialidad de todo el proceso (siempre que no se establezca lo contrario por las partes o que un juez solicite la información mediante una resolución judicial motivada). La mediación no requiere e la presencia de abogados ni de un procurador, lo que abarata sustancialmente el proceso.

Respecto a la voluntariedad de las partes, esta se establece en la Ley 5/2012, de 6 de julio, por la cual nadie está obligado a permanecer ni a concluir un proceso de mediación. Ahora bien, el Anteproyecto de Ley de Impulso de la Mediación, aprobado por el Ministerio de Justicia en 2019 prevé sustituir la mediación voluntaria, vigente actualmente, por la mediación obligatoria, lo que vendrá a significar que, en caso de divorcio, los cónyuges deberían someterse obligatoriamente a un proceso de mediación previo a acudir a los Tribunales.

La mediación familiar se puede aplicar en muy diversos casos:

– Matrimonio: previos a la celebración, ruptura del matrimonio por separación, divorcio o nulidad, rupturas de parejas de hecho, régimen económico, pensiones compensatorias, pensiones alimenticias, gastos extraordinarios, régimen de visitas de los hijos menores por parte de la pareja o de los abuelos, etc.

– Relaciones paterno-filiales: patria potestad, pensiones alimenticias, etc.

– Relaciones de parentesco: Adopción, acogimiento, tutela.

– Crisis comunicativas entre los miembros de la familia.

– Discrepancias paterno-filiales.

– Disputas económicas.

– Dificultades educativas.

– Conflictos en la atención y cuidado de miembros de la familia con dependencia o enfermedades.

– Conflictos sobre herencias.

Principalmente, los grandes conflictos en los que se suele buscar una mediación son, de entre los mencionados, la mediación familiar en tema de separaciones y divorcios, la mediación en la protección de menores y en tema de sucesiones y herencias.

Mediación en conflictos por separación o divorcio:

La mediación buscara dar solución a los conflictos acerca de la toma de decisiones concretas del proceso, como son cuestiones acerca la comunicación de la separación a los hijos si los hubiera, su custodia, pactos en el régimen de visitas no solo por la pareja sino además por parte de otros familiares como los abuelos, tíos, regímenes alimenticios o de pensión compensatoria, actualizar pactos hechos tiempo atrás o incluso puede darse el caso de conflictos en la custodia de mascotas. Es importante destacar recordar que el proceso es voluntario por ambas partes, lo que significa que el proceso puede ser suspendido en cualquier momento si una de las partes o el mediador así lo desea, el único compromiso es presentarse a la entrevista final en la que se expondrán los motivos por los que no se quiere continuar.

Mediación para la protección de menores:

Esta se da cuando el sistema de protección del menor busca salvaguardar a los niños de maltrato infantil, suele incluir como partes a los padres o tutores del menor, a la institución de protección y, en ocasiones, al menor mismo, padres adoptivos u otros trabajadores sociales ajenos a la institución. Este proceso incluye la toma de decisiones acerca las condiciones que deben darse antes de que el niño pueda volver a la casa, alternativas de atención al niño, los términos en que pueden producirse las visitas de los padres, formas de respuestas no violentas a los conflictos familiares, así como la negociación de la finalización voluntaria de los derechos paternos con vistas a la adopción. 

Mediación respecto a sucesiones y herencias:

Éstas se dan cuando existen conflictos entre los familiares generados por la herencia, entre los que se encuentran un desacuerdo con la decisión tomada por el progenitor al repartir la herencia o no querer repartir los bienes, que una persona se vea más beneficiada en la repartición, la aparición en el testamento de personas ajenas a la familia, etc. Este tipo de conflictos suelen tener una carga afectiva elevada, lo que suele dificultar la resolución del los conflictos y para los que la mediación resulta muy útil como alternativa a un proceso judicial.

El proceso de mediación familiar, podrá ser iniciado de manera extrajudicial cuando son ambas partes o una de ellas las que propone el proceso de mediación, en cuyo caso recae en el demandante el proponer al mediador se articula un mecanismo transparente de designación del mismo si la parte contraria lo rechazase. 

En cambio, puede establecerse también un proceso de mediación intrajudicial en los casos en los que el juez o el tribunal determine, una vez analizado el caso, que puede ser una manera de resolución del conflicto alternativa y que pueda satisfacer mejo a las partes, siempre que no haya habido un intento de mediación previo al inicio del proceso judicial.

Ante estas situaciones, la mediación familiar tiene como objetivo, además del llegar a un acuerdo de resolución del conflicto:

– Favorecer la comunicación entre las partes a fin de aumentar la satisfacción de todas las partes.

– Preservar o mejorar las relaciones familiares o evitar mayores rupturas.

– El proceso se desarrolla en un ambiente más intimo y tranquilo, lo que suele evitar un mayor desgaste emocional.

– Disminuir tensiones y fomentar la cooperación entre las partes.

– En conflictos con menores limitar las consecuencias negativas sobre los mismos, ayudándoles a asumir la nueva situación familiar en caso de divorcio o separación, garantizar su derecho y necesidad de ambos padres evitando sentimientos de culpa y proporcionándoles la información que necesitan de manera adaptada a su edad.

– Aumentar la responsabilidad adquiridas por las partes, lo que aumentará el cumplimiento del acuerdo pactado.

– Evitar la sensación de ganador/perdedor que se pueden dar, por ejemplo, en una sentencia judicial.

– Ajustar los acuerdos a las necesidades reales percibidas por las partes.

– Disminuir el coste afectivo, económico y temporales comparación a un proceso judicial.

Llegados a este punto, cabe indicar que los procesos de mediación familiar no carecen de limitaciones, y puede estar contraindicada o no ser posible en diversas circunstancias, principalmente relacionadas con la voluntariedad del proceso.

Así, trabajando con la libre voluntad de todas las partes, la mediación familiar no es posibles en los casos en los que:

– Alguna de las partes no pueda ejercer control sobre su propia voluntad como pueden ser los casos de alcoholismo, toxicomanía, ludopatía, trastornos mentales, discapacidad intelectual o cualquier otra circunstancia que impida a una parte asumir compromisos adquiridos, mientras dure esta circunstancia.

– Uno de los miembros del núcleo familiar sea víctima de violencia física o psicológica familiar, ya que las decisiones tomadas en el proceso de mediación estarían condicionadas al desajuste de poder existente entre las partes, pudiendo influir mediante temor u otros medios a represalias por parte del otro.

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