Evaluación de la competencia parental en padres con discapacidad intelectual

Evaluación de la competencia parental en padres con discapacidad intelectual

La discapacidad intelectual es una condición que afecta intrínsecamente a todos los ámbitos de la vida de quien la tiene. Esta discapacidad se suele clasificar según el nivel de apoyo requerido para poder realizar las actividades del día a día y una de estas actividades puede ser la de criar a un hijo. 

En ocasiones, es necesario evaluar la competencia parental de los progenitores con discapacidad intelectual, ya sea porque se esté realizando un proceso judicial o porque el menor se encuentre en alguna situación de riesgo. En este artículo te contaremos cómo se realiza esa evaluación y cómo puede afectar la discapacidad intelectual en la crianza de un hijo. 

¿Qué es la discapacidad intelectual? 

Es una condición que describe limitaciones en el desarrollo intelectual y la conducta adaptativa. Sus características son: 

Dificultades en el funcionamiento intelectual 

Como en el razonamiento, la resolución de problemas, el pensamiento abstracto o el desempeño académico. 

Dificultades en la conducta adaptativa 

Tienen afectadas las capacidades de lenguaje, lectoescritura, manejo de dinero, habilidades sociales, comunicación, comprensión de normas, autocuidado, trabajo… lo que afecta a su autonomía en la vida diaria. 

Inicio antes de los 18 años 

La discapacidad intelectual se manifiesta durante el período de desarrollo, en la infancia o en la adolescencia. 

A día de hoy, la manera de entender la discapacidad intelectual se ha actualizado mucho. Ya no se entiende solo como la falta de capacidad para hacer una vida normal, sino como la interacción entre la persona con discapacidad y su entorno. Lo que más se tiene en cuenta ahora es la necesidad de apoyos para que la persona pueda realizar una vida autónoma y activa. 

Podemos clasificar la discapacidad intelectual como leve, moderada y grave. Pero no según el cociente intelectual, sino según la cantidad de apoyos que necesita para llevar una vida autónoma. Para ello, se analiza la interacción de la persona con su contexto. 

¿Qué es la competencia parental? 

Es el conjunto de capacidades, habilidades y conductas que permiten a los progenitores cuidar de manera adecuada y completa de un hijo, garantizando su bienestar físico, psicológico y social. 

Los componentes de la competencia parental son: 

  • Satisfacción de necesidades básicas: como la alimentación, la higiene, el descanso o la seguridad. 
  • Mantenimiento del vínculo afectivo: ser sensible a las señales del hijo, poder establecer un apego seguro, tener una buena regulación y expresión de las emociones… 
  • Educación: saber establecer límites adecuados para su edad, seguir unas normas coherentes de convivencia, estimular el desarrollo y aprendizaje del hijo y saber transmitirle valores éticos. 
  • Colaboración: conocer y hacer uso de los recursos comunitarios y sanitarios y saber colaborar con profesionales, como profesores o médicos, así como con la red de apoyo, como familiares o amigos. 

La competencia parental no depende únicamente de las capacidades del progenitor. A lo que se le da importancia para evaluar este aspecto es a la interacción que hay entre las capacidades del progenitor y su entorno. Si la persona tiene pocas capacidades individuales pero cuenta con una gran red de apoyo, la competencia parental puede llegar a ser alta. 

Por último, destacar que la competencia parental no hace referencia a un estilo educativo concreto o a la ausencia de errores durante la crianza. Estos son incidencias o características concretas que forman parte de esa interacción entre la persona y el entorno que es lo que de verdad representa la competencia parental. 

Evaluación de la discapacidad intelectual 

Para evaluar la discapacidad intelectual se ha de analizar tres factores principales: 

El funcionamiento intelectual 

Se evalúa utilizando pruebas que miden el coeficiente intelectual (CI). Las principales son el WAIS, el WISC y el Raven. Si sale un CI de 70 o menor, ya se sospechade una discapacidad intelectual, pero solo esta prueba no es suficiente pare diagnosticarla. 

El funcionamiento adaptativo 

Para evaluar las habilidades personales y sociales necesarias para la vida diaria, se puede hacer uso de instrumentos como el Vineland, el ABAS o las entrevistas a la persona evaluada y a gente de su entorno, como familiares, profesores, médicos… 

La edad de inicio 

Las dificultades del desarrollo han de haber aparecido antes de los 18 años, ya sea en la infancia o en la adolescencia. En caso de que estas dificultades hayan aparecido en la adultez, la causa puede ser otro tipo de trastorno. 

Se ha de tener en cuenta que la evaluación de la discapacidad intelectual no solo ha de estar enfocada al diagnóstico, sino también a la identificación de apoyos necesarios en la vida de la persona. 

Evaluación de la competencia parental 

Para evaluar la competencia parental, se analizan varios componentes y se evalúan con métodos variados. Aquí tienes una lista de los instrumentos más utilizados: 

Para evaluar el vínculo de apego 

  • El CARE-Index, una herramienta de observación que evalúa la calidad de las interacciones entre el cuidador y el menor. 
  • La Escala de Disponibilidad Emocional (EAS), que mide la sensibilidad, la estructuración del cuidado, la no hostilidad y la no intrusividad. 
  • La Entrevista de Apego Adulto (AAI), que identifica el estilo de apego de una persona adulta basado en las relaciones que ha tenido hasta ahora. 

Para evaluar la empatía 

  • El Cuestionario de Función Reflexiva Parental (PRFQ), que evalúa la capacidad del progenitor de entender la conducta de sus hijos según sus estados mentales. 
  • La Mind-Mindedness Interview, que mide la capacidad del cuidador de considerar al menor como un individuo con mente.  

Para evaluar las habilidades parentales 

  • La Escala de Prácticas Parentales (EPP), para medir el apoyo, el control, la autonomía, la imposición y la comunicación del cuidador la menor.  
  • El Cuestionario de Estilos y Dimensiones Parentales (PSDQ), para clasificar el estilo parental en autoritario, democrático o permisivo. 
  • El Inventario de Rutinas Familiares (FRI), para establecer la regularidad con la que se ejecutan las rutinas familiares y su capacidad de ser anticipadas. 
  • El Home Observation for Measurament of the Environment (HOME), para evaluar el entorno del hogar del menor. 

Para evaluar el estrés y el ajuste parental 

  • La Escala de Estrés Parental (PSS), para evaluar los aspectos positivos y negativos de la parentalidad. 
  • El Índice de Estrés Parental (PSI), que evalúa el malestar parental, la interacción disfuncional cuidador-menor y la dificultad de tratar al menor. 

Para evaluar el riesgo psicosocial 

  • El Adult-Adolescence Parenting Inventory (AAPI-2), para evaluar el riesgo de abuso según las expectativas inadecuadas, la empatía, la disciplina y la inversión de roles. 
  • El Inventario de Abuso Infantil Potencial (CAPI), para evaluar la deseabilidad social, el abuso, la respuesta al azar y la inconsistencia. 

Para evaluar el impacto del cuidado 

  • El Cuestionario de Capacidades y Dificultades (SDQ), para evaluar problemas de conducta, síntomas emocionales, hiperactividad y problemas con compañeros. 
  • El Inventario de Desarrollo de Battelle (IDB), para evaluar las habilidades adaptativas, comunicativas, sociales, motoras y cognitivas del menor. 

¿Cómo influye la discapacidad mental en la competencia parental? 

Que una persona tenga discapacidad mental no significa automáticamente que sea incapaz de criar plenamente a un hijo. Es por ello que la evaluación de la competencia parental para personas con discapacidad intelectual no se centra en el diagnóstico, sino en el desempeño real del rol parental.  

Esto no quiere decir que no haya influencia directa de la discapacidad intelectual en la competencia parental. Las principales áreas dónde influye son: 

Funcionamiento intelectual y comprensión 

Como la comprensión de las necesidades del menor, la anticipación de riesgos, la resolución de problemas o el aprendizaje de nuevas estrategias parentales. 

Funcionamiento adaptativo 

Como en la organización de rutinas, el manejo de recursos, el fomento del autocuidado del menor o cumplimiento de controles médicos o escolares. 

 Regulación emocional 

Existe una mayor vulnerabilidad al estrés parental, así como grandes dificultades para manejar las conductas desafiantes del menor. Esto puede llevar a respuestas parentales impulsivas. 

Comprensión de normas 

Para reglas tanto sociales como legales, puede haber dificultades en su comprensión, en el entendimiento de las exigencias institucionales o aparición de posibles malinterpretaciones.  

La discapacidad intelectual influye en muchas dificultades en la competencia parental. Pero, con los apoyos necesarios, como instrucciones concretas, repetición, claves visuales, red de apoyo… estas dificultades desaparecen o se minimizan significativamente. 

Consideraciones legales de la discapacidad intelectual en la competencia parental 

No discriminación 

La discapacidad nunca se va a considerar motivo automático de restricción de parentalidad. Los padres con discapacidad tienen derecho a ser considerados competentes si no hay evidencias concretas de incapacidad funcional y a recibir los apoyos necesarios para ejercer esa parentalidad. 

Interés superior del menor 

En caso de discapacidad intelectual en un progenitor, lo que se evalúa es el desempeño real de la parentalidad. Por lo que, si se cumple la seguridad, un buen vínculo emocional y la capacidad de cubrir las necesidades básicas del menor (con o sin apoyos) se considera que se cubre el interés superior del menor. 

Evaluación del progenitor 

En caso de encontrarse en un proceso judicial, es probable que se solicite una evaluación de la competencia parental de los padres. Esto se traduciría en un análisis más exhaustivo en caso de que uno de ellos tenga discapacidad intelectual, ya que se ha de comprobar que las dificultades extras que experimenta no le impiden ejercer su rol parental. 

Identificación de apoyos 

Para completar la evaluación, también se identifican y analizan los apoyos con los que cuente la persona con discapacidad. De esta manera se puede determinar con mayor precisión el desempeño real del progenitor en lo referente a la crianza del menor. 

Privación de la autoridad parental 

En caso de que se cometan negligencias graves, de que haya una recurrente incapacidad funcional o de que se incumplan obligaciones parentales importantes, se puede acabar con la autoridad parental retirada. Esto no sería a causa de la discapacidad, sino del desempeño real y las consecuencias que tiene en el menor. 

Conclusión 

Como hemos dicho en la introducción, la discapacidad intelectual conlleva una serie de dificultades que afectan a todos los ámbitos de la vida. Estas dificultades pueden llevar hasta a los juzgados, donde pondrán en tela de juicio la competencia parental de la persona que lo padece.  

Aun así, el diagnóstico por sí solo no implica incompetencia parental. Lo que sí lo hace es la negligencia, el no cubrir las necesidades básicas del menor, el no tener un vínculo de apego estable y seguro, el no poder tomar adecuadamente decisiones, establecer rutinas o seguir normas. Todas estas dificultades se pueden reducir o eliminar con el apoyo necesario.  

Y eso es lo que hay que tener en cuenta, el apoyo. Esto cambia por completo el desempeño real en la actividad parental. Por eso se le da tanta importancia en las evaluaciones y se busca mejorar la competencia a través de apoyos. La negligencia parental sí debería provocar la consideración serie de la revocación de la autoridad parental, pero una discapacidad mental no. 

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