En el ámbito judicial, hay una gran variedad de procesos en los que personas menores de edad se ven envueltos. La mayoría de ellos se concentran en los juicios de familia. Dentro de estos, si nos centramos en juicios de custodia de los menores, es probable que se ponga en duda la capacidad de un progenitor de cuidar a sus hijos.
Esta capacidad se recoge dentro del concepto de Competencia Parental, una dimensión que se puede evaluar y usar en el juicio para sustentar los argumentos que se ofrecen. En este artículo te explicaremos qué es exactamente la competencia parental, cómo se evalúa y en qué procesos es relevante.
¿Qué es la competencia parental?
La competencia parental es el conjunto de capacidades, habilidades personales, recursos psicológicos, emocionales, educativos y sociales que tiene un progenitor o cuidador para poder cuidar, proteger y fomentar un buen desarrollo de sus hijos, de manera que se garantice su bienestar físico y psicológico.
Dentro de esta competencia también se recoge la capacidad de ofrecerle al menor cuidados básicos, seguridad, estabilidad, calidez emocional, estimulación, apoyo y límites claros, así como la existencia de una red de apoyo que le ayude al progenitor a cuidar adecuadamente de sus hijos.
¿Qué se evalúa en la competencia parental?
Las dimensiones que se evalúan para poder medir la competencia de los padres de manera exacta y válida son las siguientes:
- Estrés parental: es la cantidad de carga adicional que puede soportar el padre o la madre. Todo depende de las responsabilidades, los deberes y las labores que asuma el progenitor, así como de cómo estas impactan en él, su capacidad para autorregularse y su capacidad para preservar y fomentar el bienestar del niño.
- Red de apoyo: hace referencia a la existencia de elementos en la vida del progenitor que puedan ayudar adecuadamente al cuidado y desarrollo del menor cuando el progenitor tiene complicaciones, sobrecargas o compromisos. Pueden ser familiares o amigos cercanos.
- Educación: consiste en el conjunto de normas, límites y valores que el progenitor implanta. Estos han de ser coherentes y consistentes en la crianza del menor. Además, se han de usar estrategias educativas no violentas que fomenten la autonomía y la confianza del menor.
- Protección y cuidado: hace referencia a la capacidad de garantizar la seguridad física y emocional del menor. Esta consiste en una supervisión adecuada, la prevención de situaciones de riesgo y la capacidad de cubrir necesidades básicas, como higiene, alimentación y salud.
- Vínculo y afecto: consiste en la capacidad de establecer y mantener un vínculo de apego seguro con el menor. Este tipo de vínculo está compuesto por interacciones parento-filiales de calidad, disponibilidad emocional, capacidad de contención y sensibilidad a las señales del menor.
- Coparentalidad: es la capacidad y voluntad de cooperar con el otro progenitor, de tratarle desde el respeto con y sin el menor delante. Esta capacidad también incluye la gestión del conflicto familiar sin utilizar al menor para ganar ventaja y la promoción de relaciones familiares sanas.
¿Cómo se evalúa la competencia parental?
Para evaluar de manera adecuada la competencia parental, es necesario utilizar un proceso psicológico estructurado y contrastando varios métodos de evaluación. Estos métodos pueden ser:
- Entrevista psicológica pericial: se le entrevista al progenitor para recoger su historia personal y parental, su modelo de crianza, su estilo educativo, su percepción del menor y de sus necesidades, su relación con el otro progenitor y su actitud ante el proceso judicial.
- Evaluación del menor: ha de ser una evaluación adaptada a su edad y a su desarrollo. Esta evaluación puede ser a través de entrevistas adaptadas y de observación, de manera que se determine su percepción de cada progenitor, su estado emocional, sus conductas, así como posibles señales de malestar o de riesgo de cualquier tipo.
- Observación de las interacciones parento-filiales: puede ser estructurada o semiestructurada y sirve para analizar la calidad del vínculo, la capacidad de respuesta del progenitor, la regulación emocional y el establecimiento de límites.
- Pruebas psicométricas: como cuestionarios que evalúen las distintas dimensiones explicadas en el apartado anterior, así como el estilo parental, la personalidad y distintos indicadores de psicopatología junto a su impacto funcional en la crianza del menor.
- Análisis de documentación: como informes médicos, anteriores resoluciones judiciales u otro tipo de informes que puedan dar consistencia al resto de pruebas que se usen en la evaluación.
- Entrevista con terceros: entrevistar a otros adultos involucrados en la seguridad y educación del menor, como profesores, médicos, psicólogos… Estos pueden aportar una perspectiva beneficiosa para la consistencia de la evaluación.
¿Quién evalúa la competencia parental?
Normalmente, quien evalúa la competencia parental es un psicólogo forense. Este ha de estar formado en el ámbito infantil y familiar para poder tratar adecuadamente con el menor, sabiendo adaptar el proceso a su nivel de desarrollo. También ha de estar formado en el ámbito jurídico, entendiendo las leyes que afectan a estos procesos y las implicaciones que tienen estas evaluaciones en los juicios de custodia.
Este profesional tiene que ser capaz de administrar adecuada y objetivamente todas las pruebas necesarias y, además, tiene que saber integrarlas todas en un informe que saque conclusiones que tengan en cuenta todos los métodos utilizados.
Este psicólogo, en el juicio, actúa como perito psicológico, por lo que debe regirse por la objetividad, la imparcialidad y el rigor técnico necesarios para poder tener un juicio adecuado y que garantice la seguridad y el bienestar del menor. Además, el peritaje lo puede solicitar tanto el juez como alguna de las partes y en cualquiera de los dos casos se ha de mantener esas características.
¿Cuándo se necesita una evaluación de la competencia parental?
Hemos mencionado algunas instancias en las que se suele solicitar una evaluación de la competencia parental, pero no son las únicas en las que se solicitan. De hecho, siempre que haya un menor implicado y se esté debatiendo sobre su cuidado, se puede solicitar evaluarla.
Aquí te dejamos una lista de ejemplos de situaciones donde puedes solicitar una evaluación de la competencia parental.
- Procesos de separación o divorcio: sobre todo cuando el proceso está siendo conflictivo. Esta evaluación se suele solicitar para aportarla en procesos judiciales sobre la custodia del menor, el régimen de visitas o la patria potestad. En estos procesos lo que más se tiene en cuenta es el interés superior del menor.
- Procedimientos de protección de menores: si se detecta negligencia, maltrato, desprotección o cualquier señal que implique que hay dificultades graves en el cuidado y protección del menor, se suele evaluar la competencia parental para determinar la capacidad de protección del menor.
- Adopciones y acogimientos: en estas situaciones se pretende evaluar la idoneidad parental, las capacidades y los recursos para poder responder a las necesidades específicas del menor. De esta manera, esta evaluación ayuda a determinar si la persona es adecuada para acoger o adoptar a un menor.
- Modificación de medidas judiciales: cuando, a causa de cambios significativos en la vida del progenitor o del menor, se busca modificar medidas establecidas por un juez en relación a la custodia, al régimen de visitas o a la patria potestad, se puede presentar una evaluación de la capacidad parental para apoyar la solicitud.
- Intervención de servicios sociales: con tal de diseñar un buen plan de intervención en una familia, se puede solicitar una evaluación de la capacidad parental. De esta manera se puede diseñar el plan de manera precisa y se puede incluso hacer un seguimiento de la situación familiar usando esos datos.
Limitaciones de la evaluación de la competencia parental
Al evaluar la competencia parental se tienen en cuenta una serie de características como las habilidades del progenitor, la relación parento-filial, el contexto familiar y social, entre otras. Estas características son necesarias para hacer una evaluación válida y precisa, pero no todas son constantes ni se mantienen iguales a lo largo de los años.
Es por eso que esta evaluación tampoco es válida a lo largo del tiempo, ya que se basa en características cambiantes, por lo que se valora la capacidad parental solo en el momento de la evaluación.
Por otro lado, la competencia parental por sí misma no es determinante para ningún proceso judicial. Presentar una evaluación que demuestre exista una excelente competencia no implica que se vaya a ganar automáticamente la custodia de los hijos o se vaya a tener ventaja en el juicio.
Al final, esta evaluación es un elemento más del conjunto de pruebas y argumentos que se presentan en el juicio y todos ellos afectan también al resultado.
Conclusión
La competencia parental es el conjunto de habilidades, capacidades y recursos que posee un progenitor y garantizan la seguridad, la protección, el desarrollo y el bienestar del menor. Esta se puede evaluar a través de entrevistas, cuestionarios y observación, contrastando siempre los métodos entre ellos para darle validez al informe pericial psicológico que se vaya a emitir después.
Este informe se tendrá en cuenta en juicios donde esté involucrado un menor y esta competencia sea relevante. Estos pueden ser sobre la custodia del menor, sobre el régimen de visitas, sobre la patria potestad… También se tiene en cuenta en otros procesos como en adopciones, en acogimientos, en intervenciones de los servicios sociales, en procesos de protección de menores…
Presentar la evaluación de la competencia parental puede ser muy útil en un juicio. Esta evaluación no evalúa la familia o al menor como tal, sino al progenitor que la solicita y su relación con su entorno. Contar con un informe favorable sobre la competencia parental puede ser beneficioso para la resolución judicial en un juicio por la custodia o la patria potestad de un menor.




