Síndrome del «Niño Emperador»

Niño Emperador

En la actualidad, las situaciones familiares han ganado mucha variedad. Los componentes, objetivos y dinámicas han cambiado, adaptándose a las nuevas realidades tan cambiantes y distintas que nos presenta la sociedad en el día de hoy.   

Centrándonos en las dinámicas familiares, podemos encontrarnos con familias autoritarias, democráticas o permisivas. Sin embargo, de manera menos común, también podemos encontrarnos con familias donde es el hijo quien es autoritario con sus padres. En estos casos decimos que el hijo tiene el Síndrome del Niño Emperador. En este artículo te explicaremos qué es, cómo afecta al clima familiar y cómo afrontarlo. 

¿Qué es el Síndrome del Niño Emperador? 

Este no es un síndrome de verdad, sino una denominación popular que se le da al conjunto de comportamientos manipuladores, exigentes y desafiantes que puede tener un niño con sus padres.   

Las características principales de este patrón de conducta son: 

  • Exigencia de atención constante y de satisfacción de necesidades inmediata. 
  • Dificultad para tolerar la frustración. 
  • Reacción en forma de gritos, llantos, berrinches o amenazas cuando no consiguen lo que quieren. 
  • Manipulación de los progenitores para conseguir lo que quieren. 
  • Falta de voluntad para acatar reglas y limitaciones. 

El deseo de alcanzar metas a cualquier precio, la ausencia de empatía y las conductas desafiantes provocan que la relación entre padres e hijos se torne autoritaria por parte del hijo, lo que obstaculiza el desarrollo normal de las actividades familiares. 

¿Síndrome del Niño Emperador o Trastorno Negativista Desafiante? 

Se caracteriza el Trastorno Negativista Desafiante (TND) como un trastorno clínico en el que se presentan comportamientos desafiante. Esta similitud con el Síndrome del Niño Emperador (SdNE) puede generar confusión al examinar una situación familiar. En este apartado explicaremos las principales diferencias. 

  • Definición. El SdNE es una denominación popular que describe un patrón de conducta, mientras que el TND es un trastorno clínico diagnosticable por un profesional sanitario. 
  • Causas. Las del SdNE suelen ser principalmente ambientales, como la falta de límites claros o el refuerzo de conductas de demanda, mientras que las del TND suelen ser principalmente biológicas además de ambientales, como el temperamento. 
  • Gravedad. La del SdNE suele ser moderada y suele desaparecer con límites claros y firmes, mientras que la del TND es más intensa y requiere de intervención psicológica. 
  • Persistencia. La del SdNE suele ser variada, dependiendo del tipo de límites y de la dinámica familiar, mientras que la del TND es prolongada y superior a 6 meses. 
  • Intervención. La del SdNE conlleva aumentar la firmeza de los límites y cambiar la dinámica familiar, mientras que la del TND conlleva psicoterapia y estrategias conductuales. 

Conociendo estas diferencias podemos saber que recursos podemos poner en práctica para mejorar la dinámica familiar. 

Causas del Síndrome del Niño Emperador 

Como hemos visto en el apartado anterior, las causas de este síndrome son ambientales. La aparición de los comportamientos desafiantes no se debe a ningún factor genético o biológico. Las principales causas son: 

Crianza excesivamente permisiva 

Cuando los padres no establecen límites claros, ceden ante los berrinches del hijo y cumplen todas sus demandas, el niño puede generar la idea de que todo lo que quiere lo va a conseguir. 

Falta de consistencia en la disciplina 

Si hay una falta de consistencia en las normas, siendo estas cambiantes y confusas, el niño aprende a probar él mismo los límites, manipulando a sus padres cuando no le convienen. 

Sobreprotección 

Si los padres solucionan todos los problemas del hijo nada más aparecen, evitan que este tenga la oportunidad de resolverlos por sí mismo, reduciendo así su tolerancia a la frustración y su autonomía. De esta manera, aprende a usar a sus padres como solución a todos sus problemas. 

Refuerzo de conductas exigentes 

Ceder ante los berrinches o las manipulaciones, por muy molestas que sean, acaba reforzando estas conductas. El niño, al final, entiende que la presión emocional a sus padres es un método efectivo para conseguir lo que quiere. 

Falta de repercusiones naturales 

Si al niño no se le imponen consecuencias apropiadas y proporcionales, termina evadiendo la responsabilidad de sus acciones y su autocontrol para manejar sus impulsos. 

Repercusiones del Síndrome del Niño Emperador 

Este comportamiento tiene un impacto negativo en la dinámica de la familia y en el estado individual de cada miembro. Las consecuencias más importantes son las siguientes: 

Para el niño: 

  • Reducción de la tolerancia a la frustración. 
  • Problemas en las relaciones sociales, dificultad para colaborar o compartir. 
  • Dependencia elevada de los adultos, autonomía y responsabilidad reducidas. 
  • El riesgo de que surjan actitudes y comportamientos dañinos. 

Para la familia: 

  • Aumento del estrés y agotamiento parental. 
  • Aparición constante de conflictos. 
  • Pérdida de la autoridad parental. 
  • Empeoramiento de la convivencia, ya sea con los padres o con los hermanos. 

Para la escuela: 

  • Pérdida de la autoridad del profesor. 
  • Aparición de conflictos con los compañeros. 
  • Creación de un mal clima educativo. 
  • Disminución del rendimiento académico. 

Implicaciones legales del Síndrome del Niño Emperador 

El Síndrome del Niño Emperador puede provocar comportamientos violentos por parte del hijo y/o violencia filoparental. Este tipo de comportamientos suponen un abuso a los padres, el cual se puede considerar un delito y puede tener consecuencias. Si bien un niño menor de 14 años no puede responder penalmente, sí que se pueden activar recursos de protección por parte de los servicios sociales. En caso de que el menor tenga más de 14 años, sí puede responder ante el delito, pero no de manera punitiva, sino a través de herramientas de reeducación y reinserción. 

Aunque los padres que se encuentren en esta situación se puedan sentir frustrados ante cualquier intento de recuperar la autoridad, o indefensos al sentir que nada de lo que hacen influye en su hijo, existen medidas que se pueden poner en práctica. Los servicios sociales pueden ayudar a estas familias. Los padres también tienen la posibilidad de presentar una denuncia o incluso de solicitar una orden de alejamiento en casos extremos. Este tipo de intervención judicial no implica la pérdida de la patria potestad. 

Cabe aclarar que todas estas medidas no se aplican a todas las familias que sufran este síndrome, sino a las conductas asociadas, generalmente las violentas. Al final, experimentar estos comportamientos no implican necesariamente la necesidad de intervención judicial. 

Intervención y prevención del Síndrome del Niño Emperador 

Este patrón de comportamiento surge de una manera desadaptativa de entender las relaciones paternofiliales y provocan mucho malestar en las familias. Es por ello que es importante detectarlo con anticipación, para poder actuar mediante la educación y el establecimiento de normas y así evitar o remediar este patrón.  

En la familia 

A través de terapia familiar sistémica, entrenamiento en habilidades parentales, eliminación de refuerzos a las conductas exigentes o agresivas y el establecimiento de límites firmes se puede conseguir reestablecer la autoridad parental y reconstruir los vínculos afectivos. 

En el niño 

Con el objetivo de desarrollar la empatía, la responsabilidad la regulación de emociones y el control de impulsos se puede utilizar técnicas de la terapia cognitivo-conductual, como la reestructuración cognitiva. También se puede realizar entrenamientos en habilidades sociales, educación emocional y fomentar la tolerancia a la frustración. 

En la escuela 

Para conseguir un cambio eficaz es necesario coordinar los esfuerzos de la familia y de los profesores por mejorar el comportamiento del niño. En la escuela se ha de aplicar las mismas normas que se están intentando inculcar en casa. También, respecto a las relaciones problemáticas del niño, se pueden poner en práctica programas de convivencia o de mediación.  

Lo más importante en todos los casos es mantener la coherencia y consistencia de las normas. Es necesario consolidar el aprendizaje de que los comportamientos violentos o disruptivos no están permitidos y tienen consecuencias. Esto solo se consigue manteniendo la firmeza de las normas en el tiempo y en todos los ámbitos. 

¿Cuándo buscar ayuda profesional? 

En el momento en el que se sienta que las conductas violentas o manipulativas superan en control familiar y afectan significativamente a la convivencia o al desarrollo del niño, es recomendable acudir a un profesional. Para ayudarte a decidirte, aquí tienes una lista de señales claras: 

  • El niño, pese a que se hayan establecido normas claras, desobedece persistentemente. 
  • Realiza agresiones verbales o físicas a los padres u otros miembros de la familia.  
  • El menor amenaza a los padres, los chantajea o realiza conductas manipulativas. 
  • El niño no manifiesta ningún signo de culpa, empatía o responsabilidad. 
  • Tiene baja tolerancia a la frustración, acompañada de estallidos de ira frecuentes. 
  • Tiene conflictos graves en la escuela y una disminución del rendimiento escolar. 
  • El clima familiar se vuelve tenso, caracterizado por el miedo o por una sensación de incomodidad. 

Cuanto antes se realice la intervención, menos graves o crónicos se volverán los comportamientos. De ahí viene la importancia de conocer las señales y de saber reaccionar ante ellas. 

Conclusión 

El Síndrome del Niño Emperador no es un síndrome real, pero si es real el patrón de comportamiento que describe. Este se caracteriza por utilizar a los padres para conseguir lo que se quiere. Se realizan comportamientos manipulativos, se ignoran las normas, no se siente culpa y utilizan las agresiones, físicas o verbales, para mantener la autoridad.  

Cuando un hijo tiene estos comportamientos, los padres se pueden sentir frustrados por no conseguir que respete las normas o incluso indefensos. Pero existen herramientas para ayudar a mejorar el clima familiar y hacer desaparecer esos comportamientos. Ya sea a través de intervenciones jurídicas o psicológicas, se puede entrenar en habilidades sociales y emocionales, además de fomentar el respeto a las normas.  

Manteniendo la consistencia entre cuidadores, las consecuencias por romper las normas y el entrenamiento en habilidades, se puede enseñar al niño lo que significan las normas y el daño que está haciendo a su familia.  

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